martes, 26 de febrero de 2013

El guardián de las llaves


Keeper of the seven keys, sería una manera de llamar a la trayectoria de una vida medida en esos metales que nos dejan entrar en las casas, en lo que se puede decir posesiones de confianza o personales... Cuando tenemos cierta edad que nos dejan por primera vez las llaves de casa de los padres, esa que todos hemos tenido como posesión y en la que hemos pasado los mejores momentos de nuestra vida. La llave de la taquilla del trabajo es la que empezó a engordar mi llavero personal, el sitio donde pasamos años de duro aprendizaje de lo que es la vida, de conocer grandes compañeros. El sumun de esta temporada fue cuando también tuve mi copia de la nave donde trabajé la cual podría salir o entrar a gusto por la confianza en mi depositada de sus dueños (mis jefes en Ybarra) Con mi trabajo decente y como hormiguita pude comprar mi primer maxkomovil con su llave consiguiente ligada... y como hormiguita también intenté formar una familia en una casa que también tenía su llave y sus secretos y esfuerzos. Era rico, en llaves... Las de mi casa, las de casa mis padres, las de casa de mi abuela, las de mi coche, las de mi trabajo y taquilla.... Todo estaba bien y nos creemos que todo eso no se derrumbaría nunca. Empieza y tienes las llaves de tu local de ensayo, tu hobby y pones la semilla, que es la mejor llave del mundo, la de la vida de tu hijo. Con el fallecimiento de mi abuela y a la vez que caían las llaves de su casa de mi llavero, la vida me enseño que nada es para siempre y aunque ya la muerte me desvelo su crueldad, ella me volvió a dejar sin aliento con este hecho atroz. Cayeron todas la llaves del matrimonio que formaban mi casa, y la de tener media llave de la vida de mi hijo. Aunque alquile la casa que siempre añoraré por el significado y la paz que allí alcance, también emprendí marcha al caer. Cayeron las de mi trabajo para poseer otras de un negocio propio que al final tuve que traspasar por no poder sustentar, luego llaves de confianza en otros menesteres laborales pero ninguno fue de fiar. En esta faceta de mi vida ninguna tengo ya. Me quedaban las de mi coche, que murió recientemente para este fin de desgrase de mi indigente llavero pues solo ya sujeta la casa de "los abuelos" la que en principio me cobijó y en mi debacle con mis padres llevo. Esto no es para sufrir esto es para recordar que unas veces estamos arriba y otras veces en el filo y para creer que salimos de esta época feroz que aunque el país no es propicio, en nuestras manos está el recuperar lo perdido y lo abusado en un tiempo mejor ademas que animarme a ser el "sereno" de un tiempo mejór