lunes, 5 de marzo de 2012

CUENTO BUDISTA 11

CUENTO BUDISTA XI Esbozaba una sonrisa nuestro famoso maestro, al acordarse de cierta noche que le deleitaron con un espectáculo erótico visual por 20 euros. Cuando el aprendiz le instó a que una nueva lección le diera. - "¿Que te preocupa, jovenzuelo?" Le pregunto. - " Nada maestro, que según el día no sé donde ubicarme en este tablero del juego que es la vida". - "Pues nada es, pero al tajo vamos" Propuso a nuestro amigo correr varios metros, en los que puso varios objetos y animales. Comenzó a correr con los ojos vendados, pues en principio era una prueba fácil en línea recta. Llevaba apenas unas pasos, cuando tropezó con lo que era un ramo de las más bellas flores de la comarca. Sin parar por la ignorancia volvió a tropezar con un esplendido pavo real, al cual también dejo mal parado y continuando con su empresa tropezó finalmente con un gran pedrusco afilado el cual le hizo romperse la Tibia y el Peroné... lo cual lamento profundamente por no poder ir con Alaska "moverlas" mas. De inmediato el maestro le detuvo antes de llegar a la meta. Quitándole el pañuelo de los ojos le pregunto cuál era la lección que supuestamente le había regalado. Y ante la razón nublada por el dolor del aprendiz. El gran maestro le comenzó a hablar mientras le curaba la fractura. Lo primero que tropezaste eran bonitas flores, que por mucho que lo sean, si están en tu camino no es tu culpa que las arrases. Lo segundo que atropellaste, orgullosa ave era, que al verte ella pudo haberse apartado de tu camino con la misma rutina que lo hubieras hecho tu si la hubieras visto. Lo tercero era objeto rudo, que al envestirlo te hizo daño y te hirió. Y de ello tienes tú la culpa pues tu meta no debería cuartar tu prudencia. - ¿Y cuál es la gran lección en definitiva maestro? -" Pues que al ir ciego por la vida no sabes con quien te puedes tropezar o quien puedes dañar y sobre todo que si algo piensas que estorba lo mejor es desterrar a un nuevo camino por comenzar... Tal vez este no sea tu lugar"